El maravilloso mundo de los insectos

Llevaba ya un buen rato pedaleando, y sintiendo picores por diferentes partes del cuerpo. Los que mas me llamaban la atenciøn eran los del rostro: en la nariz, pomulo, frente, oreja... Me rascaba un poquitin y seguia. Pero los picores persistian. Lo mas inquietante es que, en un momento dado, me parecio que "el picor se desplazaba" y una pregunta terrorifica surgio en mi mente: "Tengo algo debajo de la piel?" Ese algo, por supuesto, se referia a un parasito, algun diminuto surcando las galerias de mi dermis. Pensaba de este modo porque habia pasado varias noches durmiendo en el bosque, con todas mis pertenencias en el suelo (sobre todo el casco) y, de repente, todo encajo.
La paranoia empezaba a cobrar mas fuerza a medida que sentia como, efectivamente, los picorcillos se repetian en las mismas zonas y desarrollaban milimetricos itinerarios.
Es curioso que en momentos de maxima tension me ocurran dos cosas: 1. empiezo a hablarme en argentino. No en un argentino cualquiera. Ricardo Darin empieza a hablarme dentro de la cabeza llenando de improperios y quejas los huecos de mi cerebelo y 2. me venga siempre a la cabeza una cancioncilla que tenga que ver con el asunto en cuestion. En este caso, el bueno de Frank Sinatra empezaba a cantarme, microfono en mano, elegantemente vestido y con pajarita: "I´ve got you under my skin". Lo que ocurre es que no puedo enfadarme con el, no hay intencion de daño, es simplemente que acude para darle un fondo musical al momento, imagino que esto es muy propio de mi cultura cinematografica yankee, en la que a cada situacion se la acompaña de una cancion que la potencie.

Bueno, pues, aqui me tienes a mi, a Ricardo Darin, a Frank Sinatra y a una supuesta cohorte de parasitos correteandome por el rostro.
Me digo que quizas me este confundiendo, que puede que el uso del jabon, de la crema solar, etcetera, sean los responsables, lo cual, quieras que no, me reconforta y lanza una luz de esperanza sobre la terrible sensacion de estar siendo comido desde la cabeza. Tambien me digo que esto no es Peru, ni Indonesia, ni Africa y que, probablemente, aqui no haya insectos tan voraces de carne humana. Pero me viene a la memoria, precisamente, el parasito que cogi en Peru, en la planta de los pies... Vaya, esta idea no me ha tranquilizado. Asi que me imagino llegando a la proxima localidad grande y yendo al hospital ya pero ya. 

De repente, siento como si algo me corriese por el antebrazo, junto a la vena que asciende hacia el biceps. Asi que decido pararme y enfrentarme a la realidad, sea esta la que sea.
Me pongo a mirarme la piel, en busca de una protuberancia ondulante al mas puro estilo de Alien,      -pero en version mini, claro- y me parece que los puntitos que tengo en la piel se mueven. Claro, es que no veo ni torta, uno tiene una edad y la presbicia juega malas pasadas. Me pongo las gafas y observo detenidamente. Y entonces los veo. Diminutos como cabezas de alfiler, negros como la pez, moviendose despacito despacito. Los soplo y, de inmediato, aparecen otros. Vienen por el aire! Los transporta el viento. Ahhhhh! que alivio...
Sigo pedaleando, y sintiendolos aqui, alla, moviendose, traviesos, por todas partes, pero ya no me importa...

Comentarios

  1. Me parto contigo y los insectos... que desgraciadin eres my dear... tenéis una relación muy especial de amor odio jajajjaja

    ResponderEliminar
  2. Esta noche han querido volver a hacer de las suyas... Estaba haciendo vivac y, desde el árbol bajo el cual estaba durmiendo, han descendido como ninjas, con sus hilitos irrompibles, un ejército de miniarañas sobre mi cara... Es lo que tiene dormir en la naturaleza... sorpresitas...

    ResponderEliminar
  3. Feliz cumpleaños rodeado de insectos jeje

    ResponderEliminar

Publicar un comentario