Piernas abiertas, brazos cruzados

Dirige con tono marcial el paso por el detector de metales. La cadera esta ligeramente proyectada hacia delante, en un curioso gesto huerfano de organos genitales masculinos, (se le van a recargar las lumbares, pienso, mientras pongo todos mis objetos en la bandeja de plastico marron). Cada vez que me encuentro con estas amazonas encoletadas, me viene a la cabeza la dificilmente contenible tentacion que sentia, como artista marcial (se puede llamar "arte" a unas tecnicas desarrolladas para daniar, o incluso matar, a otro ser humano?) cuando, hace treinta anios, me encontraba en mi mas optima preparacion fisica. Sentia un intenso deseo -y no exclusivamente hacia las mujeres policia o guardias jurado- de ponerles a prueba arrebatandoles la porra o la pistola para ver como se defendian... Imagino que la vanidad se codeaba con los ultimos vestigios que la niniez, y su ansia de juego permanente, sin responsabilidades, aun me correteaban por entre unos punios deseosos de investigar capacidades propias y ajenas...
Pero volvamos de nuevo a la situacion. Estamos pasando el control del aeropuerto. Nuestras pertenencias seran desnudadas, desvelados sus mas intimos recovecos en las pantallas electronicas. Nuestros cuerpos cruzaran el umbral de la verdad donde un pitido delator te conducira, si se produce -separe las piernas, ponga los brazos en cruz, por favor-, palmeo arriba, palmeo abajo, al manoseo de piernas y tronco.
Dos ninias de apenas tres y cinco anios, son traicionadas por el grillo rojo. "Ven aqui, corazon" indica este androgino uniformado a la primera de ellas,edulcorando las ordenes con terminos maternales (cielo, tesoro) que abofetean la fachada johnwayneana mantenida hasta hace unos segundos. Si seran las horquillas, las diademas o alguno de los complementos de las ninias, no lo sabre pues he de recoger mis objetos lo antes posible para no entorpecer el acceso del resto de pasajeros...


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