Este sol escandinavo

tiene los rayos afilados y, bajo su gelida luz, centellean las alas negras de los corvidos, que graznan desde las copas de los arboles y los sembrados secos, donde escarban, con avidez, en busca de lombrices.
Este sol vikingo asoma de subito entre las montañas de vapor que le tapan el rostro y tu piel es acuchillada sin piedad. Cuando te descubres, el tambien lo hace, y entonces un ejercito de risas y largas melenas rubias se extienden como chorros de hidromiel desde Asgard. Luego, en apenas unos segundos, las nubes grises tapan con sus dedos de agua el rostro dorado. Un viento frio eriza tu piel y las primeras gotas, finas cual laminas de acero, empiezan a descender sobre el mundo de los hombres.

Que distinto este sol al del Mediteraneo! El nuestro duerme en Creta, acunado por el Minotauro y, cuando se despereza, bebe un vaso de vino, estira sus brazos de fuego  y lentamente se expande sobre un cielo limpido. Deja caer sobre las montañas, costas y mares azules cascadas de achicharrante aceite de oliva y luego, despacio, tomandose mucho tiempo, recorre la boveda pletorico de presuntuosa vanidad luminica.

Ambos soles se miran, con desconfianza y cierta complicidad. El uno alza su cuerno lleno de cerveza y el otro de rojo nectar de la uva. Y brindan, sobre nuestras cabezas, sobre nuestras bicicletas.








Comentarios

  1. Aquí son realmente espectaculares... y muy cabronas, eso sí... que te pueden echar agua incluso cuando son blanco ariel...

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