Hamburgo, la inalcanzable
A Hamburgo no se puede llegar cuando uno lo desea. Los arboles, los rios, la lluvia se encargan de decirte cuando puedes hacerlo...
Los kilometros se enroscan como una serpiente que quisiera dormir a lo largo de toda la maniana y, por mas que pedaleo y pedaleo, la distancia no decrece. Fluctua, si, de un modo aleatorio, pero no me permite avanzar. El bosque da vueltas y vueltas sobre mi cabeza. Las hayas, los robles, los pinos, susurran canciones de cuando el mundo era joven todavia, y algun que otro pajaro -que no ha olvidado aun el idioma de los hombres- me avisa, escondido tras los arboles: "Por ahi no, por ahi no!!!", mientras sus alas golpean con rabia el silencio de madera y musgo antes de que pueda llegar a verle.
Descubro una hilera de migas de pan, en un sendero que conduce a lo mas profundo del bosque, aquel lugar al que solo puedes llegar cuando estas muerto y aun no lo sabes.
Hamburg... Hamburg... susurro, hipnoticamente, enfebrecido por el sonido de la cadena de mi bici, mientras atravieso arroyos de arena y sangre de los que emergen, erectas, canias vegetales que guardan en su hueco interior secretos que han olvidado incluso aquellos que los profirieron.
"Conozco un camino mejor... Sigueme..." escucho, y unos ojos malignos, enmarcados por unas garras que llevan prendidos jirones de tela encarnada, me observan detras de las sombras de un tronco.
Sigo pedaleando, pedaleando, ignorando muchos otros sonidos, muchas otras sugerencias, confiando solo en mi intuicion, ignorando, tambien, la pobre brujula prendida en mi manillar, que gira enloquecida.
Al cabo de unas horas (o fueron unos dias?) el bosque empieza a clarear, pronto ya no hay rocas ni arboles ni flores ni arroyos. Solo un rio, un enorme rio con decenas de brazos que esta desmigajando la ciudad de Hamburgo, descuartizandola de su pasado y su futuro, de sus penas y ambiciones. Los barrios engarzados en las riberas son los primeros en descuajarse. Luego los tentaculos de agua van liberando los innumeros puentes, haciendoles cosquillas para que aflojen sus abrazos de hierro y hormigon y permitan el exodo.
Millones de seres, incomodados en la hora en que estan comiendo pastelillos de chocolate, intentan detener el movimiento segregacionista y clavan sus cuchillos y tenedores en la tripa profunda del Elba a modo de ancla, pero el rio se rie y sigue llevandose casa a casa, barrio a barrio, esta milenaria ciudad portuaria.
Una nueva emigracion, como ocurriera antanio en busca del Nuevo Mundo, vuelve a producirse, y millones de argonautas enfadados se lanzan a la busqueda de nuevos mundos viejos que no desean ser encontrados. Y de ese modo no les queda mas esperanza, mas ilusion que no sea la de redescubrir Islandia, Groenlandia y Norteamerica, rebautizandolas con nuevos nombres y recolonizandolas una vez mas...
Los kilometros se enroscan como una serpiente que quisiera dormir a lo largo de toda la maniana y, por mas que pedaleo y pedaleo, la distancia no decrece. Fluctua, si, de un modo aleatorio, pero no me permite avanzar. El bosque da vueltas y vueltas sobre mi cabeza. Las hayas, los robles, los pinos, susurran canciones de cuando el mundo era joven todavia, y algun que otro pajaro -que no ha olvidado aun el idioma de los hombres- me avisa, escondido tras los arboles: "Por ahi no, por ahi no!!!", mientras sus alas golpean con rabia el silencio de madera y musgo antes de que pueda llegar a verle.
Descubro una hilera de migas de pan, en un sendero que conduce a lo mas profundo del bosque, aquel lugar al que solo puedes llegar cuando estas muerto y aun no lo sabes.
Hamburg... Hamburg... susurro, hipnoticamente, enfebrecido por el sonido de la cadena de mi bici, mientras atravieso arroyos de arena y sangre de los que emergen, erectas, canias vegetales que guardan en su hueco interior secretos que han olvidado incluso aquellos que los profirieron.
"Conozco un camino mejor... Sigueme..." escucho, y unos ojos malignos, enmarcados por unas garras que llevan prendidos jirones de tela encarnada, me observan detras de las sombras de un tronco.
Sigo pedaleando, pedaleando, ignorando muchos otros sonidos, muchas otras sugerencias, confiando solo en mi intuicion, ignorando, tambien, la pobre brujula prendida en mi manillar, que gira enloquecida.
Al cabo de unas horas (o fueron unos dias?) el bosque empieza a clarear, pronto ya no hay rocas ni arboles ni flores ni arroyos. Solo un rio, un enorme rio con decenas de brazos que esta desmigajando la ciudad de Hamburgo, descuartizandola de su pasado y su futuro, de sus penas y ambiciones. Los barrios engarzados en las riberas son los primeros en descuajarse. Luego los tentaculos de agua van liberando los innumeros puentes, haciendoles cosquillas para que aflojen sus abrazos de hierro y hormigon y permitan el exodo.
Millones de seres, incomodados en la hora en que estan comiendo pastelillos de chocolate, intentan detener el movimiento segregacionista y clavan sus cuchillos y tenedores en la tripa profunda del Elba a modo de ancla, pero el rio se rie y sigue llevandose casa a casa, barrio a barrio, esta milenaria ciudad portuaria.
Una nueva emigracion, como ocurriera antanio en busca del Nuevo Mundo, vuelve a producirse, y millones de argonautas enfadados se lanzan a la busqueda de nuevos mundos viejos que no desean ser encontrados. Y de ese modo no les queda mas esperanza, mas ilusion que no sea la de redescubrir Islandia, Groenlandia y Norteamerica, rebautizandolas con nuevos nombres y recolonizandolas una vez mas...
es una rata alemana u otro tipo de roedor? Al principio pensé que era un ericito como el que salvamos hace un año pero esa cola rosada me hace sospechar.
ResponderEliminarPues la verdad es que no lo se... algun tipo de roedor... pobrinio...
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