Que miedo se pasa cuando se pasa miedo
De las distintas emociones que voy sintiendo a lo largo del viaje (sorpresa, agradecimiento, satisfaccion...) ninguna es tan intensa como lo es la del miedo, cuando este aparece...
Un hayedo, de noche, metido en la tienda. Ha llovido mucho, el suelo es una esponja de hojas caidas empapadas. Tras cenar y leer sobre Dinamarca, me tumbo boca arriba, a oscuras, para reflexionar sobre los vikingos. Subitamente, se quiebra una rama cerca, muy cerca, de donde estoy, a apenas un par de metros. Mi respiracion se paraliza y una ola de calor asciende a mi cabeza al tiempo que el resto del cuerpo se congela. Observo todas estas respuestas intentando mantenerme lo mas calmado posible, pero en mi mente se disparan imagenes terrorificas que anticipan lo peor. Toda suerte de ataques animales y humanos quieren entrar, en riada, en mi tienda. Me digo que no estoy lejos de un grupo de casas, que en Alemania -desafortunadamente, en la mayor parte de las ocasiones pero, por fortuna, no para la mia- no hay ya osos que vaguen libremente por los bosques. Pero toda reflexion intelectual, en ese momento, tiene poca fuerza. Soy consciente de la absoluta inmovilidad en la que me encuentro y reconecto, a partir de estas respuestas corporales, con esta misma escena cuarenta años atras, cuando los monstruos llegaban por la noche a mi habitacion y me cubria con la manta, sin apenas respirar, asfixiado y petrificado, rezando para que no me viesen...
El niño que fui sigue asustado aqui dentro, presto a cogerse a mis pantorrillas, hundir su cara entre mis brazos y susurrar: "no te muevas no te muevas no te muevas!" Pero me recuerdo hombre y comienzo a respirar profundamente y a desmontar las armas de todos los asesinos del mundo que acechan de pie, al otro lado de la fina lona. Me reconcilio con las gotas de lluvia, con las ramas que caen, de tarde en tarde, al suelo, con el bosque entero y sus miles de sonidos, y me incorporo para escribir todo lo que estoy sintiendo en la libreta, para que no se me olvide -con la hermosa luz solar que todo lo limpia, al dia siguiente- cuan intensas son las emociones que la noche aun remueve en las brasas geneticas de nuestro mas primigenio instinto: el de la supervivencia.
Un hayedo, de noche, metido en la tienda. Ha llovido mucho, el suelo es una esponja de hojas caidas empapadas. Tras cenar y leer sobre Dinamarca, me tumbo boca arriba, a oscuras, para reflexionar sobre los vikingos. Subitamente, se quiebra una rama cerca, muy cerca, de donde estoy, a apenas un par de metros. Mi respiracion se paraliza y una ola de calor asciende a mi cabeza al tiempo que el resto del cuerpo se congela. Observo todas estas respuestas intentando mantenerme lo mas calmado posible, pero en mi mente se disparan imagenes terrorificas que anticipan lo peor. Toda suerte de ataques animales y humanos quieren entrar, en riada, en mi tienda. Me digo que no estoy lejos de un grupo de casas, que en Alemania -desafortunadamente, en la mayor parte de las ocasiones pero, por fortuna, no para la mia- no hay ya osos que vaguen libremente por los bosques. Pero toda reflexion intelectual, en ese momento, tiene poca fuerza. Soy consciente de la absoluta inmovilidad en la que me encuentro y reconecto, a partir de estas respuestas corporales, con esta misma escena cuarenta años atras, cuando los monstruos llegaban por la noche a mi habitacion y me cubria con la manta, sin apenas respirar, asfixiado y petrificado, rezando para que no me viesen...
El niño que fui sigue asustado aqui dentro, presto a cogerse a mis pantorrillas, hundir su cara entre mis brazos y susurrar: "no te muevas no te muevas no te muevas!" Pero me recuerdo hombre y comienzo a respirar profundamente y a desmontar las armas de todos los asesinos del mundo que acechan de pie, al otro lado de la fina lona. Me reconcilio con las gotas de lluvia, con las ramas que caen, de tarde en tarde, al suelo, con el bosque entero y sus miles de sonidos, y me incorporo para escribir todo lo que estoy sintiendo en la libreta, para que no se me olvide -con la hermosa luz solar que todo lo limpia, al dia siguiente- cuan intensas son las emociones que la noche aun remueve en las brasas geneticas de nuestro mas primigenio instinto: el de la supervivencia.
Siiii, da miedito , por ahi viene el coco, pero el instinto es mas poderoso, para poder recomponerse.
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